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León, Gto., 16 de octubre de 2026.– Durante más de medio siglo, doce canciones de José Alfredo Jiménez permanecieron en silencio, como si esperaran el momento preciso para volver a la vida. En 2005, el compositor Armando Manzanero asumió el reto de musicalizar aquellas letras que el ídolo de la música ranchera escribió mucho antes de convertirse en “El Rey”.
En la página oficial de José Alfredo Jiménez se informa que los textos databan de entre 1942 y 1949, una época en la que José Alfredo todavía buscaba su identidad musical, corregía palabras y plasmaba sentimientos que años después lo convertirían en uno de los compositores más importantes de México.
Sin embargo, aquellas composiciones guardaban un misterio: ninguna conservaba partituras o música escrita. Solo algunas incluían indicaciones del propio autor sobre el género que imaginaba para sus canciones, como huapango, bolero o ranchera.
Además, las letras llegaron a manos de Armando Manzanero mediante la editorial Edim y José Alfredo Jiménez hijo, quienes hicieron posible el encuentro entre dos figuras fundamentales de la música mexicana.
Entre las composiciones figuraban “Amor asesino”, “Tengo una pena”, “Por qué te fuiste” y “El tango de la pena”, títulos que reflejaban las emociones y preocupaciones de un joven compositor que aún desconocía el alcance de su talento.
Para Manzanero, musicalizar aquellas páginas representó mucho más que un trabajo artístico. Significó descubrir al José Alfredo anterior a los escenarios, al muchacho que buscaba las palabras adecuadas para expresar el amor, la tristeza y el desengaño.
Asimismo, el proyecto permitió recuperar una parte poco conocida del legado del autor de tantas canciones que forman parte de la memoria musical de México.
Por otra parte, el encuentro artístico entre ambos compositores ocurrió a través del tiempo: uno había dejado sus palabras sobre el papel y el otro encontró la manera de darles melodía décadas después.