Sin Interferencia/Enrique Rivera
El libro Ni venganza ni perdón de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez representa un quiebre para el régimen. Significa, ante todo, una ruptura con el código de silencio de un régimen político que involucionó de manera dramática. La deriva fue autoritaria, y criminal. Los autores no dramatizan la respuesta hostil de muchos ni deberían sorprenderles el insulto y la provocación de los afectados. Su experiencia y trayectoria les han dado piel dura para soportar las expresiones más hostiles. Su trabajo tiene una dimensión histórica. Quizá sin pretenderlo, constituye un golpe brutal al obradorismo y un punto de inflexión que puede significar el principio del fin. O se aviene a la democracia, o transitará hacia un autoritarismo extremo.
Importante destacar que Gertz Manero ya no esté al frente de la Fiscalía. Fue el recurso del régimen para arrinconar a Julio Scherer al dejar la Consejería Jurídica de la Presidencia. No fue una amenaza, sino una cacería emprendida con los recursos del Estado; abogados cercanos a Scherer serían perseguidos judicialmente, incluso bajo condiciones de extrema intimidación. La intención, concederles privilegios procesales para que declararan contra el exconsejero presidencial.
Algunos pensaron en el exilio o en decisiones personales extremas ante la inminencia de la cárcel. Resulta imposible pensar que la actuación de la FGR no contara con el aval presidencial. Scherer sostiene que el político López Obrador no cambió; que haber persistido en la polarización y la radicalización lo llevó a renunciar, precisamente porque su oficina funcionaba como puente con muchos afectados por la intransigencia presidencial. El abogado concede que, en lo personal, sí cambió con el poder; las fisuras entre ambos tenían un origen temprano.
La nota completa en Quadratín Yucatán