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MÉRIDA, Yuc., 18 de septiembre de 2026.- Martha Collí Brito aprendió de su madre a urdir hamacas como parte de una tradición familiar que, con el paso de los años, también se convirtió en una alternativa para obtener ingresos y sostener su economía. Tras enviudar, la habitante de Teya comenzó a dedicar más tiempo a este oficio y encontró en su trabajo artesanal una forma de salir adelante.
Sin embargo, la falta de recursos para comprar materiales limitaba sus posibilidades de mantener la producción, hasta que recibió hilos y un bastidor, adquiridos con recursos del Programa de Apoyo a la Mujer Rural y Grupos Vulnerables, que opera el Gobierno del Renacimiento Maya a través de la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder), para respaldar sus actividades productivas.
Con estas herramientas, Collí Brito pudo continuar con la elaboración de hamacas y generar ingresos a partir del conocimiento que heredó de su madre, al tiempo que mantiene vigente una actividad artesanal ligada a la vida rural de Yucatán. Hoy, a sus 59 años, vende cada pieza a un precio promedio de mil 200 pesos y reinvierte parte de esos recursos en nuevos materiales.
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