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Ciudad de México, 11 de septiembre de 2027.- Dos pinturas litúrgicas del siglo XVIII regresaron al Templo de San Lorenzo Zimatlán, en los Valles Centrales de Oaxaca, después de permanecer bajo resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a raíz de los sismos de 2017 y 2018.
Las obras, denominadas El infierno y El juicio final, retornaron al inmueble religioso el 13 de agosto de 2026 y actualmente se encuentran en buen estado de conservación.
Cada pintura alcanza tres metros de altura por siete metros de ancho. Los especialistas identificaron un soporte de lino, una base de preparación de almagre roja y policromías elaboradas con pinturas al óleo, características de la época colonial.
Los sismos de 2017 y 2018 provocaron daños en el templo y obligaron a realizar trabajos de rehabilitación. Aunque las pinturas no sufrieron deterioros, especialistas las desmontaron y embalaron para protegerlas mientras intervenían el inmueble.
Posteriormente, personal especializado retiró el embalaje, realizó una limpieza profunda de las superficies y colocó nuevamente las piezas en los muros norte y sur del coro.
Además, los restauradores agregaron una alcayata para reforzar la sujeción de los bastidores a los muros.
El Centro INAH Oaxaca y la Arquidiócesis de Antequera coordinaron el retorno de las piezas, que permanecerán bajo custodia de la comunidad de Zimatlán de Álvarez.
La restauradora Marina Corres Tenorio explicó que todavía se desconoce la autoría de ambas obras. Por ello, especialistas necesitarían realizar un análisis comparativo con otras piezas virreinales para identificar a su posible creador.
Respecto a su contenido, El juicio final representa el cielo y el infierno, con ángeles y demonios que conducen a las almas. El infierno, por su parte, contiene imágenes relacionadas con el martirio y los pecados capitales.
La especialista considera que las obras pudieron cumplir una función didáctica relacionada con el adoctrinamiento religioso. Sin embargo, no existe certeza sobre el público al que estaban dirigidas, debido a que el coro constituye un espacio restringido y las pinturas no resultan visibles para todos los feligreses.
El regreso de las piezas permite conservarlas nuevamente en el inmueble histórico para el cual fueron concebidas, después de casi nueve años de las afectaciones sísmicas que obligaron a retirarlas preventivamente.