Genio y Figura/Francisco Buenrostro
Erróneamente se califica como electoral la iniciativa del régimen para modificar la integración de la representación popular en las Cámaras del Congreso y el esquema de financiamiento y prerrogativas de los partidos políticos. Incluso, cambiar al INE no es una reforma electoral, sino política, ya que se trata de un órgano autónomo del Estado. Propiamente electoral es la manera de organizar las elecciones, sus instrumentos —como el padrón de votantes—, y la regulación de la jornada electoral.
El carácter político se acentúa al pretender modificar la fecha de la consulta de revocación de mandato para hacerla coincidir con la elección intermedia, siendo evidente el objetivo electoral. Una de las motivaciones de López Obrador fue acabar con el INE. Como dice el comisario Pablo Gómez, ellos no creen en los órganos autónomos del Estado. Además, la idea de eliminar la representación proporcional, bajo la tesis de reducir el costo del Congreso, en realidad es una manera de regresar a la sobrerrepresentación política.
Si se trata de cumplir con las intenciones iniciales de López Obrador —el llamado Plan C— y con lo expresado por el coordinador gubernamental de los trabajos, Pablo Gómez, es claramente una contrarreforma para llegar al punto de partida: el regreso del partido hegemónico. En este objetivo se anticipa como dificultad mayor el voto de los aliados de Morena, PT y PVEM, que causarían baja con una reforma así. Es una manera de volverlos prescindibles, a pesar de que fueron clave para la sobrerrepresentación del régimen en la Cámara de Diputados.
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