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CDMX, 27 de febrero 2026.- Hace tres años, especialistas del Proyecto Templo Mayor (PTM) anunciaron el hallazgo de un tepetlacalli (cofre de piedra, en náhuatl) que contenía 15 figurillas de estilo Mezcala. Ahora, tras avanzar en la investigación y descubrir otros dos depósitos rituales con características similares, los expertos identificaron lo que pudo ser la ofrenda más grande realizada por Motecuhzoma Ilhuicamina, huei tlatoani de Tenochtitlan.
Imaginemos lo espectacular que fue aquella ceremonia: decenas de sacerdotes y miles de fieles rodeando el Templo Mayor y colocando, en un mismo momento, reliquias escultóricas, caracoles, conchas, semillas, rostros de peces sierra, copal, chapopote y otros dones”, explicó el director del PTM e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Leonardo López Luján.
El equipo presentó el 26 de febrero de 2026 los datos más recientes de las ofrendas 186, 187 y 189 del Huei Teocalli de la ciudad-isla durante el ciclo de conferencias “La arqueología hoy”, organizado por El Colegio Nacional.
Por su parte, los jefes de campo del PTM, Alejandra Aguirre Molina y Antonio Marín Calvo, señalaron que estos hallazgos confirman una hipótesis planteada a finales de la década de 1970, cuando Eduardo Matos Moctezuma descubrió las ofrendas 18 y 19 en el costado oeste del monumento. Posteriormente, en 1991, López Luján reforzó esta idea al localizar la Ofrenda 97 en el sector norte.
“Esas tres ofrendas pertenecen a la etapa IVa del Templo Mayor —fechada entre 1440 y 1469, periodo de gobierno del también llamado Ilhuicamina (‘El flechador del cielo’)—, por lo cual sospechábamos que quedaban otras tres al este y al sur de la enorme pirámide”, explicó Aguirre Molina.
Además, la corroboración en campo permitió establecer que los seis depósitos rituales se colocaron en un mismo momento, cuando antes se consideraban eventos aislados.
A su vez, Marín Calvo explicó que la etapa IVa es la única de las siete fases constructivas en la que se conserva casi intacta la plataforma que rodeaba el basamento piramidal. Esta estructura presenta decoración arquitectónica con figuras de cabezas de serpiente flanqueadas por braseros en cada lado.
Con los seis tepetlacalli localizados, los especialistas definieron que esta ofrenda múltiple requirió una logística colosal. Los antiguos mexicas movieron esculturas de entre 600 y 1,000 kilogramos mediante cuerdas, palancas y rodillos de madera, además de colocar 83 figurillas antropomorfas talladas en piedra verde.
“A tal nivel de abundancia, las figurillas Mezcala no aparecen ni antes ni después en el Templo Mayor. Lo que vemos es al primer huei tlatoani que conquistó territorios fuera de la Cuenca de México, Motecuhzoma, consagrando los botines de guerra traídos de Tlaxco y Tlaxmalac”, puntualizó López Luján.
Además, el estudio de las tres cajas de piedra y de las 43 esculturas localizadas en 2023 representó un reto importante para los especialistas. A esto se suma la recuperación, estabilización e identificación de más de 4 mil elementos malacológicos encontrados en su interior.
La jefa de Conservación del PTM, Adriana Sanromán Peyron, explicó que el equipo protegió los tepetlacalli, de aproximadamente 50 centímetros de ancho y alto, desde el momento de su hallazgo. Los especialistas evitaron la exposición directa al sol y mantuvieron condiciones controladas de humedad durante seis u ocho meses mientras realizaban la exploración.
Asimismo, el equipo limpió las esculturas con hisopos para retirar sedimentos acumulados y aplicó fijativos naturales para estabilizar los pigmentos rojos y blancos. Los mexicas utilizaron estos colores para decorar las imágenes y resignificarlas con atributos del dios Tláloc, deidad a la que estaba parcialmente consagrado el Templo Mayor.
Por otra parte, la bióloga del PTM, Belem Zúñiga Arellano, identificó diversas especies de caracoles, entre ellas Nerita scabricosta y Hexaplex brassica. La mayoría procede de las costas del Atlántico y algunos ejemplares conservaron el periostraco, una capa orgánica que los moluscos pierden poco después de morir. Este hallazgo confirma que los mexicas probablemente transportaron los organismos vivos en contenedores con agua salada hasta Tenochtitlan.
Finalmente, tras concluir los procesos de conservación de las ofrendas 186, 187 y 189, los especialistas las resguardarán en el Museo del Templo Mayor, donde quedarán disponibles para nuevos estudios. Además, el proyecto contempla organizar una exposición que reunirá por primera vez las seis ofrendas y permitirá al público conocer la compleja religiosidad tenochca.