Sin Interferencia/Enrique Rivera
Estamos en una etapa de la vida en la que la mayoría seguimos sintiéndonos bien, vivimos nuestros días haciendo todo lo que se requiere con relativa facilidad, pero algunos empezamos a notar pequeñas diferencias. Hacemos ejercicio, viajamos, salimos con amigos, seguimos llevando una vida perfectamente normal sintiéndonos libres de cualquier enfermedad. Sin embargo, una mala noche de sueño pesa más que antes, necesitamos un poco más de tiempo para recuperarnos después de entrenar, subir muchos escalones nos cuesta un poco más, sobre todo si intentamos hacerlo de dos en dos como antes y algunas cosas que hacíamos sin pensarlo empiezan a requerir un poco más de esfuerzo.
No estamos mal. Envejecer implica cambiar y no vale la pena sentir cada cambio en el cuerpo como una señal de alarma, pero ya no puedes tapar el sol con un dedo, algunas capacidades empiezan a cambiar lentamente, muchas veces antes de que les prestemos atención.
Dentro de la ciencia de la longevidad, hay un concepto muy reciente que se refiere a esta idea. En marzo de 2026, Alex Zhavoronkov, Kejun Ying y Dominika Wilczok publicaron en Aging and Disease, una revista científica especializada en biología del envejecimiento, una propuesta llamada peakspan: el periodo durante el cual una determinada función física o cognitiva permanece al menos cerca del 90% de su máximo rendimiento. No es todavía una prueba médica que podamos pedir en el laboratorio, pero cambia la forma en que vemos el envejecimiento.
El tema de la longevidad ha ido evolucionado a lo largo de los años. Durante décadas nos obsesionamos con el lifespan, extender la vida a toda costa sin importar en qué condiciones. Después entendimos que de nada servía vivir noventa años si los últimos veinte o treinta los pasábamos enfermos, así que pasamos al healthspan. vivir más tiempo, sí, pero con salud y bienestar. Hoy, peakspan nos lleva a algo que faltaba; vivir más años con salud y mantener nuestro rendimiento cerca de su máximo nivel funcional el mayor tiempo posible.
Necesitamos conocer la trayectoria
Para nosotros es normal ir al médico, hacernos un chequeo y preguntar: “¿Está todo bien?”. Si todo sale más o menos dentro de lo esperado, respiramos tranquilos porque un resultado normal siempre es una buena noticia.
Pero estos resultados no siempre nos dan una trayectoria. Podemos seguir funcionando dentro de parámetros aceptables mientras alguna capacidad lleva perdiendo terreno lentamente por años sin ninguna señal visible. No hay ningún diagnóstico, pero podríamos estar funcionando ya muy por debajo de nuestra capacidad porque nuestro cuerpo nunca permanece exactamente en el mismo lugar. Eso es lo que peakspan nos viene a enseñar: La importancia de mirar donde estamos y hacia donde vamos.
Una persona puede sentirse y mostrarse fuerte, resistente o capaz en este preciso momento, pero no sabemos cómo ha ido cambiando esa capacidad durante los últimos cinco, diez o veinte años, ni como estarán esas capacidades dentro de otros diez años si se sigue con la misma inercia.
Seguimos diciendo “yo me siento muy bien” porque seguimos haciendo prácticamente todo lo que necesitamos hacer y sólo empezamos a prestarle atención a una capacidad cuando ya se ha reducido lo suficiente para molestarnos.
Mientras no perdamos el equilibrio no le prestamos atención. La falta de fuerza pasa desapercibida mientras podemos cargar lo necesario. La capacidad de recuperarnos apenas se nota mientras una mala noche o una enfermedad leve no nos desorganiza durante varios días y lo mismo pasa con la atención y la memoria. Bromeamos todo el tiempo sobre que una desvelada ya nos cuesta la semana entera o compartimos memes sobre cómo nos falla la memoria con la edad, sin notar que ahí es donde peakspan nos pide poner atención y observar nuestras capacidades antes de que empiecen a fallar.
El cuerpo no envejece como una sola pieza
Hemos simplificado demasiado la manera en que imaginamos el envejecimiento. Lo vemos como una gran pendiente: alcanzamos una especie de cima durante la juventud y, a partir de cierto momento, comenzamos a bajar, pero no es tan simple.
No todas nuestras capacidades alcanzan su mejor nivel al mismo tiempo y tampoco envejecen al mismo ritmo. Algunas capacidades físicas comienzan a cambiar antes que otras, mientras que ciertas habilidades relacionadas con el conocimiento, el lenguaje o la experiencia pueden mantenerse durante más tiempo, e incluso seguir fortaleciéndose, mucho después de que otras ya empezaron a bajar.
No envejecemos como una sola pieza o bloque, sino por sistemas, con relojes distintos y desincronizados, y eso cambia nuestra interpretación de la palabra “declive”. No existe un día en el que todo comience a deteriorarse al mismo tiempo, existen curvas distintas, velocidades distintas y también distintas posibilidades de adaptación.
Tampoco quiero convertir peakspan en otra obsesión por conservar eternamente el máximo rendimiento ni quiero vivir tratando de demostrar que a los setenta sigo siendo la misma persona de treinta.
Peakspan no pretende que busquemos la inmortalidad ni la eterna juventud. Para mi significa algo distinto: conservar durante el mayor tiempo posible aquello que todavía hace que nuestra vida funcione bien, al mismo tiempo que aprendemos a adaptarnos a lo que inevitablemente irá cambiando. A veces perdemos unas capacidades que ya no podremos recuperar, pero otras aparecen o incluso se fortalecen a manera de compensación de las perdidas.
Sano, pero no al 100
Los autores de peakspan utilizan la expresión healthy but declined: Se refiere a ese periodo en el que todavía no existe una enfermedad importante, pero alguna función ya se encuentra bastante por debajo de su máximo y es ahí donde pasamos buena parte de nuestra vida adulta. Pocas veces nos detenemos a pensar en que, comparado conmigo mismo hace diez años, como estoy hoy y hacia donde parece dirigirse esa curva. Ese cambio de perspectiva es más importante que parámetros de laboratorio perfectos.
Hoy debemos entender que la salud es una trayectoria, y una trayectoria que se observa con tiempo, nos da margen para modificar hábitos cuando los cambios todavía son pequeños, para fortalecer una capacidad antes de que se vuelva un problema, para adaptarnos mejor cuando el cuerpo cambie e incluso margen para entender que algunas pérdidas forman parte de la vida y no necesitan convertirse en una batalla.
Reserva o resiliencia
Esta idea de reserva cada vez me interesa más. Podemos no tener el corazón, los músculos o el cerebro funcionando perfectamente al máximo, y aun así conservar suficiente capacidad como reserva para responder cuando la vida exige más de nosotros y que nuestro organismo regrese lo más pronto posible al equilibrio. Etapas difíciles como una enfermedad, una cirugía, una temporada de estrés, una mala racha de sueño, una pérdida emocional o el paso de los años ponen a prueba esa reserva. Es tu margen de maniobra cuando la vida se complica.
La Organización Mundial de la Salud lleva años definiendo el envejecimiento saludable no solo como ausencia de la enfermedad sino como la posibilidad de mantener las capacidades que nos permiten hacer aquello que valoramos así que incluso vivir con alguna enfermedad bien controlada puede ser compatible con envejecimiento saludable.
No quiero volver a los veinte
Al cumplir años, empiezas a saber con mayor claridad qué cosas sí quieres conservar y cuáles ya no te interesa perseguir. Personalmente, no tengo interés en recuperar exactamente la versión de mí misma de los veinte. Había cosas maravillosas en ella, por supuesto, pero también prisas, indecisiones, inseguridades y una cantidad sorprendente de energía invertida en asuntos que hoy me parecen bastante menos importantes así que no es mi idea volver a atrás. Lo que quiero es conservar lo mejor posible, la mayoría de mis capacidades que hoy hacen que mi vida se sienta mía. Quiero conservar suficiente energía para seguir sintiendo curiosidad, poder caminar durante horas cuando viaje, aprender cosas nuevas, mantener conversaciones interesantes, bailar, hacer ejercicio, reunirme con amigos, darme ciertos gustos, y seguir tomando decisiones importantes sobre mi propia vida. Tener fuerza para las cosas cotidianas y claridad para las que de verdad importan.
Y también quiero aceptar que algunas capacidades cambiarán como el no poder leer letra pequeña sin lentes, y no considero que eso sea una tragedia existencial ni un fracaso de mi longevidad, pero el reto está en distinguir entre el cambio inevitable y la pérdida prematura.
La pregunta más importante
Hoy la pregunta es si estamos conservando razonablemente bien las capacidades que necesitamos para la vida que queremos seguir teniendo y si no es así, poder prestarle atención antes.
Hasta hace poco, la conversación de longevidad estaba obsesionada en cuanto podríamos extender la vida. Después aprendimos a preocuparnos también por cuántos de esos años viviríamos con salud. Peakspan ahora trae una tercera conversación muy importante para nuestra generación: Lo que ocurre durante todos esos años en los que todavía estamos bien, pero nuestras capacidades ya están empezando a cambiar. No creo que debamos vivir midiéndonos ni intentando detener cada señal de envejecimiento. Me interesa más aprender a reconocer nuestras propias trayectorias mientras todavía tenemos margen para influir en ellas.
Así que simplemente pregúntate: ¿Qué quieres seguir siendo capaz de hacer dentro de diez años?



