¡La Voz de la Igualdad!
El PAN no derrotó al PRI, tampoco el FDN y Cárdenas: contribuyeron, pero al PRI lo derrotó el tiempo. Se volvió anacrónico conforme el país se transformaba; la sociedad y el mundo cambiaron. El PRI correspondía a un diseño inspirado en el fascismo italiano, en el que se pretendía representar al todo en nombre de la revolución. Fue razonable para un país rural, cuando las armas resolvían la disputa por el poder y la rebelión se hacía presente en cada relevo de gobierno. El PRI cumplió su función, y el corporativismo junto con su reformismo le dieron vida extra. Sin embargo, su diseño, fundado en el presidencialismo y el dominio del partido, se volvió disfuncional.
Algo similar ocurre con Morena, aunque se trata de historias distintas. El viejo partido dominante nació de la necesidad de dar una respuesta política a la disputa violenta por el poder; Morena, en cambio, surge de la democracia y llega al poder a través de elecciones justas y confiables. Antes se habían construido instituciones y, de alguna manera, una perspectiva de Estado. Con Morena se destruyen instituciones; el gobierno y la política social sufren un severo deterioro, y el clientelismo electoral se impone con asignaciones directas a millones de personas para apuntalar al régimen. Cambiaron el gasto público y la política social. La prioridad era el régimen, no el país: no se trataba de acabar con la desigualdad, sino de convertir a la masa pobre —la mayoría— en adherentes. La clave de una política social virtuosa es la inclusión, no la dádiva que reproduce el estado de cosas.
Morena también corresponde a una época: la del surgimiento del populismo. Como tal, este arreglo tiene vida corta y dos posibles derivas: el fascismo —conservar el poder por la vía violenta y el uso faccioso del Estado—, o la democracia. El punto intermedio, que hemos vivido, resulta insostenible: decir una cosa y hacer la opuesta. A Morena también habrá de derrotarlo el tiempo. No será la oposición, que vive su crisis más profunda, como evidencian las limitaciones políticas y éticas de sus dirigencias. Por tanto, serán los votos ciudadanos y la acción de una sociedad civil que, hasta hoy, ha resistido y dado muestras esporádicas de vitalidad.
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