Columna Descomplicado/Jorge Robledo
En política es difícil prever la evolución de los grandes acontecimientos. Nadie, ni el presidente o funcionario alguno tiene la capacidad para controlar los efectos de un evento que signifique ruptura mayor. Este es el caso de la denuncia/renuncia de la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei. El gobierno hizo obligada la salida a partir de la abundante y convincente información interna sobre la desbordada corrupción de la funcionaria, promovida por el presidente del Consejo Político de Morena, el gobernador Alfonso Durazo. El INE quedaba comprometido en su misión de aportar la legitimidad.
¿Qué sucedió entre el sábado y el domingo por la mañana? La señora Taddei aseguraba que no se iría; la divulgación de información, videos y las palabras presidenciales no le importaron. Sin embargo, para la tarde del domingo anunció que presentaría su renuncia en aras de proteger a la institución.
Mucho de lo que se dice es especulación. No hay manera de saber qué sucedió; pero, las conjeturas pueden hilarse con lógica. Por ejemplo, ¿por qué la consejera presidenta suponía que sería beneficiaria del pacto de impunidad que ha protegido a muchos en la jerarquía del régimen? ¿Sobreestimó el poder de su promotor Alfonso Durazo? ¿cobraban fuerza las palabras del líder moral, quien fue ostensiblemente generoso apoyándola desde su arribo al INE? Difícil saber, pero otras hipótesis más convincentes tienen que ver con la complicidad.
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