Más allá del escándalo
La vida interna del Instituto Nacional Electoral (INE) se ha convertido en un campo de batalla. Disputas por el control administrativo, enfrentamientos entre consejeros, pugnas con la Secretaría Ejecutiva y directores que responden a distintos grupos de poder han terminado por exhibir a un organismo consumido por sus propias ambiciones.
Detrás de la defensa pública de la autonomía electoral subsiste una estructura burocrática que, durante al menos dos décadas, ha acumulado episodios de dispendio, privilegios y disputas por el manejo de recursos millonarios.
Pasadas las tormentas que provocan las revelaciones, simplemente no pasa nada.
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