¡La Voz de la Igualdad!
De antemano es imposible personificarse en Nicolás Maduro, dictador de Venezuela, a quien se le imputa en Estados Unidos colusión con el narcotráfico. Las pruebas sobre ese delito implican, de alguna manera, a México, independientemente de la afinidad política que el obradorismo ha suscrito desde siempre. La pregunta relevante no remite al gobierno o al dictador, sino al país: a Venezuela, y también al mundo.
La agresión de Estados Unidos no fue contra el régimen político —tan es así que siguen gobernando—. El embate fue al país, por el despojo de la decisión soberana sobre su riqueza petrolera y su relación con el mundo. La soberanía es un concepto que requiere actualización. La globalidad acabó hace mucho tiempo con su sentido originario. Ningún país es independiente y autónomo, ni siquiera las economías poderosas, como la norteamericana. Además, para bien, existe un régimen jurídico universal que Trump está decidido a ignorar, pero que es base de certeza para la paz mundial.
La imposición de aranceles ha sido aleccionadora de la interdependencia económica. Para México y Canadá, y muy especialmente para Estados Unidos. El acuerdo comercial ha ofrecido un espacio de alivio —30% del total del comercio norteamericano— frente a lo que podría haber sido una crisis mayor por la ruptura de las cadenas de suministro si se hubieran impuesto aranceles. Trump le resta importancia, pero es un ardid de negociación. Estados Unidos requiere del acuerdo comercial, incluso para proteger al empleo en manufactura. Otro episodio que revela su dependencia del exterior, se advierte en la manera en que China doblegó a Trump al suspender la exportación de las tierras raras, indispensables para el segmento más vanguardista de la industria norteamericana, incluida la militar.
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