El Listón Amarillo
Se podría pensar que escribir es un acto fácil y tengo que aceptar que para mí si lo es, no sé los comparto en tono egolatra sino como quien es consciente de lo que representa el don de la escritura, pero no quiero darme todo el crédito a mi misma, pero es que existimos en el mundo personas a las que las palabras simplemente nos llegan, pareciera que alguien desde alguna otra dimensión nos las está dictando, por qué un día de la nada mientras lavas los trastes o estás en la clase de zumba te llega un deseo profundo de agarrar papel y lápiz y ponerte a escribir. Y es que a veces pareciera que son reflejos con velocidad relámpago que así como llegan también se esfuman y si no los agarras se van a buscar otra cabeza interesada en sacar cada palabra a la luz a través de un papel, un computador o simplemente compartiendo el pensamiento con alguien más. Tengo la teoría de que escribir es un poco el desahogo del alma, nos ayuda a sacar el dolor o la alegría y a veces simplemente a pasar el rato cuando nos inventamos historias de ficción, miedo, aventura o a realizar anhelos imposibles en la vida real, que en el papel nosotros manejamos a nuestro antojo. Una de las sensaciones más bonitas para un ser humano y más para un escritor sin duda debe ser sentir ese momento de conexión con ese algo o alguien que nos esta dictando, inspiración le llamamos también algunos. Pero no todo es conexión, a pesar de tener la virtud de la redacción y la escritura, a veces también se experimenta la desconexión, el bloqueo literario, la falta de inspiración, cuando tenemos fechas límites y quizás el título seleccionado pero las palabras no llegan. Me he pasado horas sentada frente a la libreta en dónde suelo escribir y no ha aparecido la idea, por el contrario está llena de dibujos de árboles o mis iniciales. Y esos bloqueos a veces duran horas, semanas, meses o años y es que a veces simplemente el corazón no tiene ganas, se pone en huelga y por ende las manos y la cabeza. Cuando me pasa esto me frustró, pero he aprendido a entender que es parte del proceso no solo del escritor, sino de la vida misma. Las letras a veces fluyen y a veces no y he aprendido a disfrutar de esos momentos en dónde mi cabeza se niega a formular preguntas y respuestas o empezar un diálogo conmigo misma para que juntas podamos construir un nuevo artículo, una nueva columna, un nuevo cuento o una frase triste de dos renglones. Escribo sobre esto por qué estoy en una etapa que tengo estas opciones para cumplir mis compromisos de escritora: escribir sobre política, sobre derecho internacional o sobre la vida y la verdad es que las palabras no me llegan, Pero como en la vida hay que ser responsables y constantes, les escribo sobre lo difícil que puede llegar a ser formular un artículo sin tener inspiración Pero que en lo personal afrontar y hablar el tema e incluso escribirlo a mi también me da para un artículo y me saca de apuros, como ahorita.