Genio y Figura/Francisco Buenrostro
El pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas es políticamente inmenso, aunque físicamente mucho más pequeño que el salón de sesiones de San Lázaro. Ahí se hace política del más alto nivel: despiadada y, al mismo tiempo, elegante; una política que define, en buena medida, los equilibrios del orden mundial… o al menos ése es el propósito.
Cada septiembre, cuando se abre el periodo de Debate General, los jefes de Estado y de Gobierno del planeta suben a su tribuna para hablarle al mundo, fijar la posición de sus países frente a los grandes desafíos globales y exponer su propia visión sobre el rumbo que debe tomar la comunidad internacional y el que lleva su propia nación.
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