¿A cambio de qué renunció Taddei?
Durante horas se escucharon gritos, amenazas, golpes, lamentos y quejidos. Al alba salieron: habrán sido unos seis hombres armados y su víctima. Subieron a las camionetas y desaparecieron. La casa quedó en silencio durante semanas, hasta que alguien volvió para limpiarla, pintar el abandono y devolverle el azul al agua de la alberca.
Luego la rentaron como si nada hubiera ocurrido.
Meses después regresó el horror. Otro grupo armado llegó, esta vez con una mujer. Se repitió la escena. Lo verdaderamente brutal ocurrió al amanecer, cuando los vecinos vieron cómo subían a una camioneta el cuerpo desmayado de aquella mujer, inerte, como un muñeco de trapo. Nadie dijo nada. Nadie denunció. Nadie preguntó.
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