Las protestas en el mundo
Acabo de enterarme de la celebración por los 91 años de vida de Demetrio Bilbatúa, cineasta inefable desde México 68 y, por lo menos hasta la Universiada de México 79 y el segundo Mundial de futbol, realizado en tierras aztecas.
Español de origen, hijo de Demetrio Bilbatúa, documentalista de tiempos de la Revolución Mexicana, el Demetrio que nos ocupa fue uno de los cineastas más solicitados por el oficialismo del país.
Su presencia era obligada en cada informe de gobierno, desde Luis Echeverría hasta Carlos Salinas de Gortari, cuando menos. Aunque no era el único documentalista, sí era el mejor.
En el ámbito deportivo, realizó películas sobre los Juegos Olímpicos de 1968, el Mundial México 70, la Universiada México 79, e incluso llegó a hacer algo sobre México 86. En el inter, acudió también a eventos de motonáutica y ciclismo.
Fue precisamente en la Vuelta Ciclista de México, en los 80, cuando tuve el honor de convivir con él, en la trinchera diaria, donde todos los días los compañeros de la lente se la rifaban en serio para levantar las mejores imágenes de los llamados Titanes del Camino.
Recuerdo muy bien una ocasión en la que el estupendo camarógrafo de Canal 13, José Manuel Nieto, se amarró de espaldas al piloto de su motocicleta y materialmente se dejó caer hacia adelante con la cámara a unos cuantos centímetros del asfalto. Con la vida en un hilo, grabó imágenes alucinantes de los líderes del pelotón.
Obvio es que cuando vimos esas tomas ya editadas, surgió el aplauso espontáneo, por el valor y los tamaños demostrados por el buen Nieto de cuya calidad nadie dudaba, pero era joven y todavía inexperto en algunas cuestiones.
Así se lo demostró Bilbatúa, al capturar imágenes igual de espectaculares, sin siquiera despeinarse. El colmilludo cineasta solamente apuntó su cámara hacia el objetivo y se puso a grabar, perfectamente bien sentado detrás de su piloto, para que la cámara a centímetros del asfalto hiciera toda la chamba, sin él exponerse para nada.
Mismo resultado, distinto método, dirían los entendidos.
Greco, a quien muchos recordamos con estimación, era uno de los ayudantes de Bilbatúa, quien fungía como publirrelacionista del realizador, a la hora de convivir con la tropa. Le tocaba a retirada cuando era el momento, antes de exponerlo a algún mala copa.
Otro de los tipos singulares que tuvimos como compañero, éste en un Maratón Motonáutico del Río Balsas, fue el fotógrafo neerlandés Frans Stoppelman, quien trabajaba libre para publicaciones como Life, Stern y París Match. Creo que nunca aprendió español, pero ni falta que le hacía.
Para no complicarnos con su apellido, lo conocíamos como Superman, o el señor sonrisa, expresión que llevaba siempre en silencio al pasearse por la playa o los puestos de servicio de las lanchas, lo mismo en Santa Elena, Churumuco, Zihuatanejo o Acapulco. Justo, si no mal recuerdo, a él se deben las oportunas gráficas del accidente mortal del motonauta venezolano, Jaime Mariné.
Á bordo de su lancha Mariné llegó antes que nadie a la meta en Acapulco, pero se equivocó al pasar por los señalamientos; al ser advertido giró para retomar el camino y chocó con una barcaza de la Marina donde se encontraban los jueces. Cayó al agua casi en la orilla de la playa y tuvimos que ir a sacarlo.
Dije tuvimos, porque Rodolfo Sánchez Noya, Alfredo Domínguez Muro y quien escribe fuimos por él para depositarlo en la arena. A toro pasado, hoy ya puedo decir que lo que sacamos fue un cadáver, aunque el Comité Organizador se empeñó en decir que estaba grave y era atendido por los mejores especialistas, quienes finalmente no pudieron salvarlo.
Ahora entiendo que los responsables de la competencia hicieron una gran laguna, y lo más que pudieron para alargar el tiempo, mientras pensaban cómo manejarían la información, sin salir raspados.
Cuando por fin se dio a conocer el deceso, todos mandamos los avances informativos a nuestros respectivos medios. La nota fúnebre escrita por el compañero Jaime Molina de El Sol de México, se pasó de emotiva y no dejó de ser chusca involuntariamente pues decía: “Los restos mortales de Jaimé Mariné, serán trasladados a su natal Venezuela, para ser sepultados en compañía de toda su familia”.
¿Y la familia por qué? nos preguntamos.
El recuerdo del Maratón Náutico del Río Balsas, nos trae a personajes que compitieron en él como el actor Paul Newman, en 1977, y al propio Vicente Fox, quien también arrostró las aguas del caudaloso río, mucho antes de enfrentarse a corrientes cien veces más peligrosas, con las cuales ni soñaba en sus peores pesadillas de entonces.
Como periodista es bello enfrentarte a personajes y realidades tan contrastantes.