Pancho Barraza cantará en Acámbaro
MORELIA, Mich., 5 de febrero de 2026.- La Guerra Fría no solo enfrentó a Estados Unidos y la Unión Soviética con armas, ideologías y propaganda; también representó una competencia silenciosa por influir en la vida cotidiana. Mientras ambos bloques buscaban demostrar la superioridad de su sistema, algunas marcas occidentales encontraron vías inesperadas para cruzar la Cortina de Hierro.
Así, productos hoy comunes, como un refresco o una hamburguesa, terminaron por convertirse en símbolos culturales de una época marcada por la rivalidad global.
Durante décadas, la Unión Soviética mantuvo su economía prácticamente cerrada al mercado occidental. El rublo no era convertible a nivel internacional, lo que hacía casi imposible que empresas estadounidenses comercializaran sus productos en ese país.
Sin embargo, en 1972, Pepsi logró lo impensable al convertirse en el primer producto de consumo masivo de Estados Unidos en llegar de manera oficial a la URSS, gracias a un acuerdo de trueque, mediante el cual Moscú pagaba con vodka Stolichnaya, que PepsiCo distribuía en América.
Este acuerdo permitió que el refresco se embotellara dentro del propio territorio soviético y se popularizara entre la población. Años después, en 1989, la relación comercial alcanzó un nivel aún más inusual.
Ante la crisis económica soviética y la falta de divisas, Pepsi aceptó como parte del pago varios buques militares retirados, entre ellos submarinos, fragatas y un crucero. Aunque las embarcaciones fueron vendidas posteriormente como chatarra, el episodio quedó registrado como uno de los intercambios más extraños de la Guerra Fría.
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