Mujeres científicas/Paty Sánchez
La tarea está terminada y lista para entregarse. Está bien redactada y tiene una conclusión que parece bien pensada. Al principio, el adolescente estaba frente a la pantalla sin saber cómo empezar, pero unos minutos después, ya solo falta ponerle su nombre. Todo parece ir bien, hasta que le pedimos que explique lo que acaba de entregar y pone una cara de “no tengo idea”.
Esa distancia entre presentar un trabajo y haber aprendido algo me preocupa mucho. Podemos estar viendo mejores tareas y trabajos sin darnos cuenta de que, detrás de algunas, hubo muy poca lectura, no desarrollaron criterio, no razonaron y hubo poco esfuerzo por comprender.
Nuestros hijos tienen acceso a herramientas capaces de elaborar trabajos en segundos que antes nos requerían horas, mientras que, muchos adultos apenas estamos aprendiendo como funcionan. Las aplicaciones ya están en sus manos, pero las reglas y la enseñanza van llegando después si es que llegan.
Me parece que estamos permitiendo su uso con demasiada facilidad y preparando muy poco a quienes las utilizan. No basta con revisar si terminaron la tarea, hay que saber exactamente que hicieron ellos, que hizo la herramienta y, sobre todo, si entendieron lo que entregaron.
Del 24 al 31 de octubre se celebra la Semana Mundial de la Alfabetización Mediática e Informacional. Su propósito es ayudarnos a relacionarnos con la información de manera crítica, en lugar de aceptar cualquier contenido que aparezca en la pantalla. El lema de este 2026 se puede traducir como “Todos tenemos un papel”, y pone especial énfasis en la responsabilidad compartida entre familias, educadores, gobiernos, medios y empresas tecnológicas.
La conversación nos toca de cerca, porque está en la mesa donde nuestros hijos hacen la tarea y en las respuestas que aceptamos sin comprobar.
Aprender necesita práctica. Un informe de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos explica la importancia de practicar y aprender a dirigir nuestro propio aprendizaje: eso incluye reconocer una dificultad y ajustar la manera de enfrentarla. Por eso es preocupante que nuestros hijos se acostumbren a recibir todo terminado y tengan menos oportunidades de ejercitar esas capacidades para desarrollar conocimiento. Todavía no podemos afirmar que usar IA provoque un deterioro real general del cerebro, pero si existen razones para cuidar que sigan haciendo el trabajo mental que les permita aprender.
Es por eso que a partir de lo que sabemos sobre cómo aprendemos y de las orientaciones de la UNESCO para el uso del a IA en la educación, propongo algunas habilidades que debemos cuidar especialmente al enseñarles a utilizar estas herramientas.
Comprensión de lo que leen es una de ellas. Poder explicar una idea con sus propias palabras ayuda a reconocer si realmente la entendieron. Si siempre reciben un resumen, pueden perder oportunidades de seguir un argumento completo y llegar a sus propias conclusiones.
Escribir también merece ese esfuerzo. Al hacerlo, tenemos que ordenar lo que pensamos. A veces al intentar explicar una idea, descubrimos que no la tenemos tan clara. Una aplicación puede entregar un texto impecable sin que el estudiante haya pasado por ese proceso.
Comprobar la información es indispensable. Una respuesta puede estar bien escrita y contener errores. Nuestros hijos necesitan acostumbrarse a abrir los enlaces y revisar quién está haciendo esa publicación. Después viene contrastar lo que encontraron, tomando en cuenta también la fecha.
Eso requiere una enseñanza. Un etudio publicado en 2022 en la revista Journal of Educational Psychology encontró que los estudiantes mejoraban su capacidad para evaluar información digital cuando aprendieron a contrastar una página con otras fuentes, en lugar de confiar únicamente en una sola página.
Preguntar y reconocer sus dudas. Un estudiante debe poder señalar qué parte no entendió y pedir una explicación que le ayude a avanzar. Solicitar una pista sería más útil que pedir la solución completa. En ocasiones una pregunta bien hecha tampoco garantiza una respuesta correcta, pero podemos acompañarlos en el proceso sin quitarles todas las oportunidades de pensar.
Una investigación publicada en 2025 en PNAS, la revista científica de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos mostró esta diferencia. En un experimento de matemáticas, los alumnos que utilizaron un asistente basado en GPT-4 sin protecciones pedagógicas mejoraron durante la práctica, pero después rindieron peor, al trabajar sin él, que quienes no lo habían usado. Una versión que fue diseñada para orientar el aprendizaje redujo ampliamente ese efecto.
Es un resultado en un contexto concreto, sin pretender condenar a cualquier uso de IA. Pero sí deja una advertencia: Aunque estén terminando con ayuda, no necesariamente están aprendiendo a resolver.
La IA puede explicar un concepto de varias maneras, organizando la información o ayudando a encontrar un error. Ese uso es valioso cuando el estudiante participa y comprueba lo que entendió. El problema viene cuando se acostumbra a recibir todo terminado.
En casa podríamos establecer acuerdos sencillos: que primero intente resolver la tarea y después utilice la herramienta para trabajar sus dificultades. Al terminar, debería poder explicar lo que entregó y mostrar las fuentes que lo respaldan. Y también conservar momentos de lectura, escritura y resolución de problemas sin que la IA intervenga en todo, aunque esté disponible.
El acompañamiento necesita adecuarse a la edad y la tarea. Un niño que apenas está aprendiendo a escribir necesitará cuidados distintos a los que requiere un joven que ya puede revisar un argumento. Dar acceso sin orientación y esperar que cada uno descubra sus límites me parece una apuesta demasiado cómoda para los adultos.
Formar criterio y hacerse responsable es otra habilidad que debemos enseñar. Quien utiliza IA debe reconocerlo cuando corresponde y hacerse responsable por lo que se comparte. También aceptar que una opinión propia puede estar equivocada y poder ser capaz de cambiarla si aparecen nuevas o mejores pruebas.
Aquí entramos nosotros. Los adultos también creemos información porque coinciden con nuestras ideas o porque suena segura. Difícilmente enseñaremos a que nuestros hijos verifiquen, si nosotros compartimos noticias sin abrirlas. Y la confianza que le demos a la IA, debe ajustarse al tipo de información y sus consecuencias. Una sugerencia para organizar una fiesta, nos permite probar y corregir, pero una orientación sobre medicamentos o asuntos legales nos exige comprobaciones más cuidadosas y, cuando corresponda, ayuda profesional. Consultar a otra IA tampoco reemplaza revisar las fuentes.
Me preocupa que normalicemos la costumbre de pedir una respuesta antes de intentar pensar. Desde pequeños necesitan oportunidades para construir capacidades que después les permitirán desenvolverse con autonomía.
Por eso considero necesaria una materia obligatoria de alfabetización mediática y digital que ayude a utilizar la IA con criterio, con contenidos adecuados a cada edad. Debería incluir la evaluación de información digital y ofrecer oportunidades para practicar las habilidades aquí propuestas o las que se consideren pertinentees.
Una charla ocasional sobre los peligros de internet ya resulta insuficiente. Estas habilidades necesitan aplicarse a todas las asignaturas, con un seguimiento y evaluación constantes por parte de los docentes.
México no parte de cero, ya que el plan de Estudio 2022 incluye el pensamiento crítico, y la plataforma Nueva Escuela Mexicana Digital ofrece recursos sobre confianza y uso responsable de la IA. Es justo reconocerlo, pero su disponibilidad, sin embargo, no demuestra que todos los estudiantes estén recibiendo esa formación de manera suficiente y constante.
En esa materia podrían comparar una noticia con su fuente original o revisar respuestas de la IA y explicar dónde está fallando. También aprenderían qué información personal conviene proteger y cuándo necesitan consultar a alguien capacitado.
La propuesta exige un programa con objetivos claros. Los maestros necesitan preparación y condiciones para enseñarlo y al gobierno le corresponde proporcionarlas. Esta educación no debería depender únicamente del interés de un docente o de cuánto saben los padres sobre tecnología.
La UNESCO ya cuenta con un marco para incorporar competencias de IA en la educación para estudiantes que contempla el juicio crítico y la responsabilidad humana. Así que existe orientación para avanzar y no deberíamos esperar a que las dificultades se vuelvan evidentes para actuar.
Una tarea impecable puede tranquilizarnos esta noche, pero su capacidad para comprender y decidir les hará falta toda la vida. ¿Qué nos preocupa más? ¿Qué la tarea esté perfectamente terminada o que estén teniendo un verdadero aprendizaje?