Ciudadanos responsables votando/Nancy Fonseca
Los primeros días de la incursión militar en Venezuela y el secuestro/captura del dictador Nicolás Maduro, en un temprano balance, muestran una cadena de errores que conducen al fiasco y lleva a los venezolanos a una peligrosa incertidumbre. El caos se avecina y no hay manera de que EU pueda hacerse cargo del destino del país invadido. La sociedad chavista trumpista es una afrenta. La justificación de que todo se trata de sancionar y combatir al narcotráfico es ridícula porque Venezuela no es un actor relevante en la producción o trasiego de drogas. México, más que ningún otro país es, incluyendo a Colombia.
De siempre los militares tienden a equivocarse en su diagnóstico previo a las iniciativas de fuerza. Subestiman la complejidad de lo social; los ejemplos son reiterados, Vietnam, Irak, Ucrania y, para nosotros, lo que se le dijo al presidente Salinas después del levantamiento zapatista, evaluación que fue prontamente corregida para pasar a la negociación.
Trump erró en su desproporcionado despliegue militar en el Caribe; se volvió rehén de sí mismo. No podía regresar a las tropas sin trofeo. El ataque a las pequeñas embarcaciones no daba mucho, además contraproducente una vez que trascendió que se había incurrido en crímenes de guerra. Aprehender al dictador era indispensable, pero sin diseño subsecuente porque el objetivo no era que Venezuela recuperara su vida democrática ni resarcir la alteración del resultado de la elección del año pasado que favoreció a Edmundo González y al movimiento liderado por Corina Machado. Todo se trataba del petróleo y Trump resolvió que el régimen chavista arrinconado y bajo amenaza le resultaba funcional; se decantó a favor de la vicepresidenta Delcy Rodríguez y rechazó apuntalar a la oposición que había ganado la elección. Mejor una autoridad frágil y cuestionada que otra con legitimidad y la fortaleza que ofrece el voto.
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